Cuenca – España

En la Semana Santa del año 2018 decidimos ir a Cuenca ya que compagina a la perfección naturaleza e historia.

Fuimos en nuestra autocaravana aparcamos y dormimos en el aparcamiento de la playa artificial sito en c/ playa artifical es una zona en la cual en invierno no ponen impedimentos para estar allí.

La ciudad de Cuenca se asienta entre las hoces de los ríos Júcar y Huécar, tiene el título de ciudad Patrimonio de la Humanidad por su riqueza monumental.

Nada más llegar los acantilados y sus formas rocosas te sobrecogían con su grandiosidad. Desde donde aparcamos había que subir hasta el centro y comenzar la visita así que hacer piernas tocaba, una buena subida en pendiente por la ladera de la hoz del río Júcar, subimos por unas antigüas escaleras que nos subirían hasta el Castillo en ruinas del que se conserva parte de la muralla y sus torres, forma parte también de estas ruinas el arco de Bezudo, una de las antiguas puertas de entrada a la ciudad amurallada.

Las vistas desde el mirador del barrio del castillo son impresionantes desde allí se observa el Monasterio de San Pablo de la orden de los Dominicos, se encuentra fuera del casco urbano, se encarama en un promontorio sobre la Hoz del Huécar, a bastante altura sobre el cauce del río, ahora es el parador nacional. El puente San Pablo se sitúa sobre la hoz del Huécar, en sus inicios se construyó un puente de piedra, que acabó desplomándose con el paso del tiempo. En 1902 se construyó el actual, de hierro y madera sobre los pilares de piedras del antigüo, no apto para personas con vértigo, si hace viento parece que el puente se mueve. Desde este puente se observan las vistas más típicas de las Casas Colgantes.

Entramos en la zona antigüa, medieval y turística de Cuenca a través del arco del Bezudo, nada mas entrar fue como si nos trasladasen a otra época, todas sus calles empedradas, pasadizos estrechos, pasear por las calles del casco antiguo es una delicia con múltiples detalles que admirar. Existen recuerdos del pasado árabe y estilos arquitectónicos de épocas posteriores.

llegamos a la Plaza Mayor es una de las más bonitas y monumentales de la ciudad. Se trata del centro neurálgico de la parte alta, un lugar perfecto para hacer un descanso, nos sorprendió que estuviera abierta al tráfico, en ella se encuentran el Ayuntamiento, un edificio con tres arcos de medio punto, el Convento de las Petras y la Catedral de Nuestra Señora de Gracia.

La Catedral fue el primer edificio que se construyó en Cuenca tras la reconquista, en el que se mostró todo el esplendor del poder eclesiástico. El precio de entrada es de 5€.

Continuamos callejeando y llegamos a la Torre Mangana, construida sobre las ruinas del antiguo alcázar, su función inicial era la de una torre de defensa y vigilancia, con el paso del tiempo se convirtió en campanil y reloj de referencia para la ciudad.

Seguimos y visitamos el mirador en el barrio de San Martín encontramos un conjunto de viviendas de carácter popular,los característicos Rascacielos de Cuenca. Tienen la entrada por la calle Alfonso VIII y hacia ella presentan tres o cuatro plantas de altura, mientras que vistas desde la orilla del río Huécar parecen como si de unos rascacielos se trataran y que aflorasen desde la misma montaña.

Las Casas de Colores con sus orgullosas fachadas principales de varios colores vivos, amarillos, rojos, azules , en la calle Alfonso VII, son los rascacielos de Cuenca. Esta calle, una de las principales de la ciudad y que sube por el casco histórico hasta llegar al Ayuntamiento.

Caminando, caminando llegamos hasta, las Casas Colgadas son el símbolo de la ciudad. Realizadas en mampostería, se asoman al río desde sus balcones de madera voladizos sobre el acantilado. De esta joya de la arquitectura popular, sólo tres son visitables: la casa de la Sirena que aloja un mesón donde degustar los platos típicos y las Casas del Rey que contiene un museo de arte abstracto.

Y llegamos a el Puente de San Pablo originalmente era de piedra, se terminó de construir en 1560 y cruzaba los 110 m sobre el Río Huécar que separaban Cuenca del Convento de los Dominicos con 5 arcos que llegaban a los 50 m sobre el suelo. Ese puente de piedra se mantuvo 200 años en pie pero desde finales del siglo XVIII empezaron a producirse desprendimientos y hundimientos parciales de mismo. Finalmente, en 1895, 16 barrenos de dinamita pusieron punto y final a casi tres siglos y medio de existencia del puente, pero el vacío tenía que rellenarse, o salvarse, tarde o temprano y el siglo XX trajo un nuevo ingenio moderno para hacerlo, un puente de hierro y madera que en 1903 solucionaba el paso hasta entonces truncado. Restos del puente original quedan en ambos extremos del mismo, especialmente notables en el lado que da al antiguo Convento, pues fueron aprovechados para la construcción del nuevo Puente de San Pablo, 106 metros de longitud, 60 m de altura sobre el Río Júcar y una privilegiada situación convierten al Puente de San Pablo en un mirador privilegiado hacia Cuenca, abarcando desde las Casas Colgadas hasta las ruinas de su castillo.

Llegamos al final de nuestra visita a la ciudad de Cuenca, nos ha encantado pasear por sus calles, nos ha trasladado ha otro tiempo atrás, esa mezcla de naturaleza e historia fascinante.

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